viernes, 30 de abril de 2010

¡Bienvenidos!

¡Hola amigos!
Desde aqui, queremos desearles muchas risas para esos momentos aburridos del dia. Para ello vamos a publicar unas pequeñas historietas de una cucaracha simpática, inocente y un poco torpe. Espero que les gusten, ¡saludos!

1 comentario:

  1. Hola! Soy Ana Laura Batistela y de casualidad entré a tu página. Yo había escrito sobre una cucaracha con el mismo nombre y muy parecida a la que describís. Te dejo, por si te sirve de algo el cuento.

    En el rincón.

    Cuando mi mamá me reta, se pone colorada y me manda al rincón. Un día, ahí me encontré a Chacha la cucaracha. Me contó que también le tenía miedo a la chinela y que su mamá Doña Chela se había enojado. Vivía en un boquete y tenía puesto un bonete.

    Le pregunté si era su cumpleaños y que macana se había mandado. Al parecer se comió todo el helado que era para los invitados.

    ¡Qué mala racha esta cuca Chacha! ¡Qué la pescaron haciendo una travesura! ¡Qué desdichada la pobre que nadie la mira con dulzura!

    Porque anda al asecho, en la oscuridad. Esperando a que la perilla se baje para salir de excursión y hacer peritaje. Y cuando está por probar bocado ve un refucilo en el techo y no le dan las patas para volver a su lecho. Rapidito se va escabullendo, por el costado, por el ángulo recto. Para que la señora no la mate con la pantufla entre madera se camufla. Pero semejante alboroto hizo la dama que despertó a todo el cortejo. No se salvó un azulejo y tras romper un plato viejo se le escapó una hilera de quejos.

    Se despertó la muchacha desesperada en saber qué era lo que pasaba. Ni bien vio la escena soltó un grito de ballena, y antes de quedarse sin aliento se subió rápido a un asiento. Buscó entonces en el aparador algún veneno matador. Llena de temor daba vueltas por el comedor, persiguiendo a la cucaracha, imitando su cara de horror.

    Mientras, la cuca zigzagueaba como borracha, el cuerpo ya le estaba mostrando la hilacha, ya casi no podía mover la pata. El veneno le estaba haciendo efecto, pero Chacha no es de perder el aliento. Entonces siguió corriendo.

    Apareció el patrón del hogar, con pasos tan firmes que hacían al piso vibrar. En sima de trasnochado, el don estaba malhumorado. La cuquita se paseó por la mesada, por la cortina y cruzó por el frasco de peperina, deambuló en la hoya negra y el cucharón, por las copas de vino nuevas y el reloj. A su paso todo arruinado, al golpe del escobazo.

    En medio de la huida se levantó el abuelo con dolor de cadera, y cuando Chacha lo atropelló, se le cayó la dentadura entera. La cruzó como un puente, presumiendo ser un dirigente. Esquivó el bastón de metal y se metió abajo de un portal.

    Y aunque todos la buscaron, Chacha ni pensó en regresar, bastante suerte había tenido en podérmelo ahora contar.

    Y tanto habremos charlado que hasta tuve tiempo de imaginar que charlaba con una cucaracha mientras me retaba mi mamá.

    Saludos!!!

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